En tu escritorio

Es habitual encontrar escritorios llenos de iconos, ya no sólo de accesos directos a las aplicaciones instaladas sino iconos de archivos de instalación, canciones, fotos y toda una serie de archivos descargados de Internet.

Dejémoslo claro, para mí el escritorio cumple una doble función: mostrar un fondo de escritorio vistoso y permitir al usuario tener a mano las aplicaciones que más usa.

¿Qué problema tienes con un escritorio repleto de iconos?

¿Problema? Ninguno, allá tú que para eso es tu ordenador, pero…

  1. Todos esos iconos ocultan el fondo de escritorio.
  2. Los que programaron el sistema operativo que estás usando, crearon todo un sistema de carpetas (Documentos, Descargas, Imágenes…) para algo.
  3. Párate a pensar, ¿de verdad usas habitualmente todas esas aplicaciones?

Hace años, cuando la memoria RAM instalada en los ordenadores era escasa, tener muchos iconos en el escritorio podía suponer una merma en el rendimiento del equipo.  Hoy en día, los nuevos equipos ya cuentan con 4 GBs (o más) de memoria y esa colección de iconos en el escritorio ha dejado de suponer un problema (aunque, aún así, debes saber que tu ordenador los refresca cada vez que muestra el escritorio).

¿De verdad usas todas esas aplicaciones a diario?

Sin embargo, ese “batiburrillo iconil” denota cierto desorden y despreocupación por parte del usuario: ¿qué pinta el programa de instalación de Google Chrome al lado de las fotos de tu último ligue en Ibiza?, ¿no eres capaz de encontrar un documento que te pide tu jefe? Repito, por si no lo sabes o lo has olvidado, en tu ordenador existen una serie de carpetas (Documentos, Descargas, Videos…) para que mantengas todo tu contenido ordenado, ¿por qué te obcecas en tenerlo todo “a mano” en el escritorio? 

En el caso de Windows, los accesos directos a los programas que más usas puedes colocarlos en la barra inferior (en la denominada “barra de inicio rápido”). Si usas un Mac, puedes usar Launchpad ó Spotlight para ejecutar aplicaciones rápidamente.

Con un poco de reflexión y siendo práctico puedes encontrarte que, todo lo anterior, te conduce a tener un escritorio vacío. ¿Alguna vez lo has probado?

No hace falta ser un amante del minimalismo para tener un escritorio diáfano y, ya de paso, que te permita disfrutar de ese bonito fondo. No te quitará mucho tiempo encender el ordenador y echar una ojeada con calma revisando cada icono porque, casi seguro, habrá iconos que no sepas a donde conducen si haces doble clic sobre ellos o que ni siquiera recuerdes cuando o porqué los instalaste.

Si, aún así, necesitas que algunos iconos se muestren en tu escritorio, intenta que la disposición de los mismos sea coherente. Prueba a agrupar programas por categoría (fotografía, Internet, ofimática, etc.) y colocarlos en distintos puntos del escritorio (típicamente, en las esquinas de la pantalla).

Disfrutando de San Francisco o, lo que es lo mismo, vista de mi escritorio actual.

No es que el escritorio sea un espejo que nos muestre como es un usuario pero, una buena organización, puede suponer un aumento en su productividad y, al mismo tiempo, ofrecer una imagen seria y ordenada.

(Pablo)

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