Una semana con el iPhone 5

Si hay algo que me sorprendió el pasado veintiuno de septiembre (día de su lanzamiento en EEUU), en la Apple Store de la Quinta Avenida, fue el peso del iPhone 5. Sus 112 gramos (un 20% más ligero que su predecesor, el iPhone 4S) hacen que, cada vez que contestas a una llamada, no te parezca estar sosteniendo un teléfono móvil sino algo mucho más ligero de a lo que estabas acostumbrado.

Dejando aparte el peso, el terminal también es más delgado (0,76 milímetros de grosor = un 18% más fino) y su diseño, tanto externo como, sobre todo, interno, es fantástico: la nueva tarjeta Nano SIM (un 44% menor que la Micro SIM), el nuevo conector Lightning (un 80% más pequeño que el antiguo de 30 pines) y una cámara (más potente y protegida por una cristal de zafiro) que ocupa un 25% menos, han ayudado a rebajar unas cuantas tallas el teléfono de Apple.

Si a todo lo anterior le sumas un nuevo proceso para fabricar su pantalla (por primera vez de 4 pulgadas, pero igual de ancha, y un 30% más fina que la anterior), consistente en una única lámina que integra píxels y electrodos táctiles (anteriormente, se fabricaba situándolos en dos láminas distintas) obtienes un terminal más delgado y ligero que apenas se siente en la mano.

iPhone 5 vs. iPhone 4

¿Qué hay bajo su capó? El nuevo procesador A6, unido a su gráfica PowerVR SGX 543MP4 (de tres núcleos), ofrece un flujo máximo de 28.8 Gflops.  Esto se traduce en un procesador que duplica en potencia a su predecesor.

Entiendo a quien pueda decir que el diseño externo del iPhone 5 apenas ha variado (pantalla más grande, terminal más delgado y menor peso) pero:

  1. Si algo funciona, ¿por qué modificarlo?
  2. No se puede esperar una revolución en su diseño cada dos años y, además, ¿donde está la “revolución” en el resto de terminales de otros fabricantes?

Dejando atrás las especificaciones técnicas, la pantalla de 4 pulgadas supone que contamos con una fila más para colocar aplicaciones además de gozar de una saturación un 44% mayor. Los colores se muestran más reales y el nuevo tamaño hace que dispongamos de mayor espacio para leer artículos, correos electrónicos, páginas web…

¿Cuales son las diferencias más notables en su uso diario?

Una vez más, tengo que destacar su peso. Hay veces que no parece que lo lleves en el bolsillo.

Segundo, el espacio extra de la nueva pantalla. Leo bastante cuando viajo en metro/autobus y, además de la calidad de la pantalla (que ya era buena en mi antiguo iPhone 4), se agradece el espacio extra.

La conexión inalámbrica ultrarrápida o, lo que es lo mismo, sacar partido a los módem/router 802.11n (en mi caso un NETGEAR y una Time Capsule) y redes de telefonía más modernas (y actualizadas).

La velocidad del terminal se traduce en un funcionamiento rápido y fluido. Las aplicaciones se ejecutan y trabajan más rápido, aplicar filtros a imágenes lleva menos tiempo, etc.

En resumen, una actualización para un buen terminal que lo deja listo para hacer frente a la competencia.

Los bordes biselados tallados con diamante, otro punto a favor del diseño del nuevo terminal

¿Merece la pena cambiar mi antiguo iPhone por el iPhone 5?

Depende del terminal del que estemos hablando. Si posees un iPhone 3GS el cambio es, prácticamente, obligatorio dado que, sólo por la pantalla Retina y su velocidad, merece la pena.

Si posees, como era mi caso, un iPhone 4 también es más que recomendable (el terminal ya se notaba lento y pesado al ejecutar algunas aplicaciones) pero si, por el contrario, usas un iPhone 4S el cambio es menos aconsejable. Seguramente te encuentres todavía en período de permanencia con tu operador y si unes la “sanción” que te aplicarán más el precio del terminal creo que merece la pena que esperes al siguiente modelo.

¿Negro/grafito ó blanco/plata?

Este es un tema complejo: en mi caso tuve en cuenta que la capa de pintura que recubre aluminio anodizado del modelo negro/grafito se raya bastante (dejando al descubierto el color metálico del aluminio) por lo que, salvo que vayas a usar una funda, no lo recomiendo (yo lo uso sin funda).

En mi caso, tras dos iPhone 4 negros (uno de ellos de sustitución), había llegado la hora de cambiar y el modelo blanco/plata me parecía limpio y elegante.

(Pablo)

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