Relojes inteligentes

Mucho se ha venido hablando del smartwatch (reloj inteligente) desde que un rumor, dejando caer que Apple estaba diseñando uno, desató toda una serie de comentarios procedentes de distintos fabricantes afirmando que ellos también estaban preparando su propio modelo.

El pasado miércoles, Samsung presentó en Berlín el Galaxy Gear, un reloj capaz de hacer llamadas, fotografías y mostrar mensajes de texto además de correos electrónicos.

Examinemos cada una de esas características  y veamos porque sigo sin encontrar, de momento, mucha lógica a estos dispositivos:

  • Hacer llamadas: una de las bondades que se aluden a la hora de hablar de relojes inteligentes es que ofrecen la posibilidad de no tener que sacar nuestro teléfono del bolsillo (el reloj se comunica con él vía Bluetooth) pero, ¿qué sentido tiene aproximar mi muñeca a la boca para poder hablar con alguien?, ¿no es más recomendable (y privado) hablar con mi teléfono pegado a la oreja?
  • Cámara de fotos: el Galaxy Gear integra en su correa un sensor capaz de tomar fotografías de 1,9 megapíxeles, es decir, de baja resolución. ¿De qué me sirven unas fotografías borrosas?
  •  Mostrar mensajes de texto y correos electrónicos: la pantalla del reloj de Samsung es de 1,63 pulgadas con una resolución de 320×320. Os podéis imaginar que, dado su tamaño, es más que complicado leer en su pantalla rápidamente sin tener que desplazar el texto constantemente.

Galaxy Gear - Samsung

A todo lo anterior habría que sumarle que, dadas las limitaciones de tamaño, el reloj incorpora una batería de 315 mAh que, aunque Samsung asegura que durará una jornada completa, los analistas ya expresan sus dudas al respecto. Tener que cargar el móvil ya es una costumbre, por desgracia, para todos los usuarios de teléfonos inteligentes, ¿qué sucederá cuando haya que cargar también el reloj cada noche?, ¿terminará en un cajón?

Al mismo tiempo, el reloj siempre ha sido visto como un “dispositivo pasivo”, es decir, la interacción con él se limita a mirar su pantalla y poco más. Sin embargo, el usuario de un smartwatch como el de Samsung tendrá que interactuar sobre una pantalla bastante más pequeña que la de su teléfono, pulsar un botón para hacer llamadas, etc. ¿De verdad somos tan vagos como para no poder sacar nuestro teléfono del bolsillo?

Ya para terminar, ¿no os parece demasiado grande para “lucirlo” en vuestra muñeca?

(Pablo)

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